Wimbledon Express
¡Hola!
Bienvenidos a 15-0
Si hay una situación que jamás en nuestras escasas décadas de vida hubiésemos pensado que se iba a dar es esta: haber vivido con intensidad nuestro torneo favorito y no encontrar el momento para escribir sobre él.
Así es, queridos lectores de Fifteen-Love, estamos completamente abducidas por el efecto Mundial, por la Scaloneta, por el desempeño inimaginable de nuestro adorado Messi, por las muchas historias cuasi homéricas de los jugadores de nuestro seleccionado, en fin, por la final que se juega hoy domingo 19 de julio de 2026 a las 16 horas (quizás alguno no sabe el horario) en New Jersey.
Luego de una de nuestras habituales reuniones editoriales (audios y mensajes que nos intercambiamos por WhatsApp mientras caminamos, trabajamos y hacemos cosas de la casa), decidimos cumplir con nuestro público. Pensamos que, quizás, un rato de lectura sobre otro tema les sirva para ir quemando las horas que faltan hasta la final soñada.
Por esto y con las disculpas del caso, procederemos a hacer un resumen de Wimbledon, con muchas fotos y algo del material que juntamos siempre mientras se disputa. Y les prometemos que esto no volverá a suceder, al menos por cuatro años más.
La previa de este Wimbledon venía cargada de preguntas. La primera es la que menos nos interesaba: ¿cómo sería el regreso de Serena Williams al torneo después de cuatro años de ausencia? Compartiría la cancha con Venus en dobles, primera vez desde 2022 y en singles iba a enfrentarse en primera ronda a Maya Joint, que venía de una lesión en la espalda. A nosotras esa wild card nos parecía un desperdicio. La potencia y velocidad de las jugadoras del top 50 actual sin duda sería demasiado para una ex jugadora de 44 años con 4 años de inactividad. Y no nos equivocamos.
Otras preguntas que se planteaba el mundo tenis: ¿sería este el torneo en el que ese tenista serbio alcanzaría su octavo trofeo e igualaría el récord de nuestro Roger? La siguiente pregunta venía con olor a protector solar: con la ola de calor que azotaría Londres ¿podría nuestro cucciolo sostener la corona sin derretirse en el intento, ahora que Wimbledon estrenaba su flamante regla del calor? Y la cuarta, con acento alemán: después de coronarse en Roland Garros, ¿lograría Zverev repetir el batacazo sobre el césped que nunca había podido domar, él que jamás había pasado de cuarta ronda en el torneo? Una más: ¿cómo le iría a nuestra querida Iga luego de una temporada de arcilla muy decepcionante’.
Seremos sintéticas, a Serena le costó mucho ganarle un set a Joint, mejor de lo que esperábamos, y fue eliminada cordialmente en primera ronda. Sinner se cargó en semifinales a Djokovic en lo que el mismo serbio calificó como “una auténtica paliza” y Zverev, en un acto heroico de superación, llegó a jugar la final contra un Sinner preciso, quirúrgico, que luego de perder un primer set de altísimo nivel, nunca puso en duda que se haría con la victoria.
Vamos a ser justas con un tenista que no nos cae bien, Alexander Zverev es un jugador que parece haber cambiado después de sacarse, por fin, el trauma de no haber podido ganar nunca un Grand Slam. Hoy se ve más suelto, más libre, con mayor confianza y determinación. Eso también quedó reflejado en los dos primeros sets frente a Sinner. Sin embargo, creemos que la clave del partido estuvo en el primer punto del tie-break del segundo set. Hasta ahí llegó la convicción de Zverev. Apenas Sinner se quedó con ese primer punto, gracias a un error no forzado de derecha del alemán, nosotras tuvimos la sensación de que el partido ya estaba en manos del italiano.
Y así fue.
En el tercer y cuarto set, Sinner consiguió un quiebre en cada parcial y terminó cerrando una nueva consagración en Wimbledon.
Con esta victoria, se convirtió en el décimo jugador de la Era Abierta en conquistar Wimbledon dos años consecutivos, estiró a diez su racha de victorias seguidas frente a Zverev y sumó otro récord a una rivalidad que ya empieza a resultar llamativo: Zverev lleva 87 games sin quebrarle el servicio a nuestro cucciolo.
Les dejamos este PUNTAZO para revivir un partidazo en el que ambos tenistas dieron todo:
Y, aquí, entre nosotros, quizás nuestra opinión sobre Zverev sea compartida nada menos que por los príncipes de Gales, puesto que su cuenta oficial realizó publicaciones sobre todos los finalistas de individuales… menos sobre él.

No todo fue fácil en este torneo para Jannik. En primera ronda, cuando se enfrentaba a Miomir Kecmanovic, Sinner resbaló en el tercer set y terminó con la zapatilla izquierda manchada de sangre por un desprendimiento de uña, lo que generó bastante alarma en la Central Court. Se sobrepuso y ganó en 5 sets, un esfuerzo que no hizo más que enfocarlo del todo, por si hacía falta. Los que también estaban enfocadísimos eran los de marketing de Nike, que ipsofacto publicaron la siguiente foto:
La final femenina un batacazo total de amor propio checo: Linda Nosková le ganó a su compatriota Karolína Muchová, ante la atenta mirada de la realeza local y también de la checa (Martina Navratilova y Petra Kvitová presenciaron el encuentro), por 6-2, 5-7 y 6-3 y se llevó su primer trofeo de Grand Slam. Nosková estuvo a punto de cerrar ejecutivamente el encuentro: ganó el primer set 6-3 en 31 minutos, se puso 5-2 arriba y sirvió para el partido cinco veces sin poder cerrarlo, hasta que Muchova le dio vuelta el segundo set 7-5. Después se repuso: terminó levantando el trofeo tras dos horas y 27 minutos de partidazo.
Nuestro corazón estaba con Muchová, una tenista a la que admiramos mucho y de la que hemos hablado varias veces. Nuestra querida Iga dice de ella que es la tenista a la que más le gusta ver jugar. Siempre que sus lesiones se lo permitieron se destacó en cada aparición en distintos torneos por la variedad y versatilidad de sus golpes. Y su estilo de juego agresivo (volea como los dioses y usa muy bien el revés con slice), encaja perfecto con Wimbledon. Pero, claro, se encontró con una Nosková en estado de gracia, cuyo juego parece científicamente diseñado para el césped.
Linda llegó a la final con un récord de 12 victorias y apenas una derrota en la temporada, después de haberse consagrado en el WTA 500 de Berlín, donde ganó su primer título sobre césped, venciendo en la final a Jessica Pegula (y de yapa se llevó también el título de dobles en ese torneo). Antes de Wimbledon estaba anotada como novena cabeza de serie y ubicada en el puesto 10 del ranking. Otro dato: esta temporada lideró el top 100 de la WTA en porcentaje de aces (10,1%) y en puntos ganados con el primer servicio (73,9%). Con el título Wimbledon ascendió al séptimo puesto del ranking.

No podemos estar disgustadas con este desenlace. Es una gran tenista, con un forehand que parece un misilazo y cuya historia personal, marcada por la pérdida de su madre, a la que le dedicó el triunfo, entre lágrimas no sólo suyas, hace que cuente con nuestra total simpatía.

Desde 15-0 auguramos un US Open muy relevante para la actual campeona. Pronto lo veremos, dado una vez que se nos hayan pasado las ansiedades del Mundial ya casi es tiempo de nuestro segundo torneo Major favorito. Es increíble, pero ya casi estamos en el último grande del año.
Pasemos a la cena de gala del torneo. Por supuesto, nuestro tímido italiano tuvo que beber en abundancia para llegar al baile tradicional entre ambos campeones. Antes de comenzar su rally etílico dejó la siguiente foto:

Y así quedó Jannik luego de unos tragos para darse coraje:

Pimm’s para pasar los nervios
QUEUE de Wimbledon. Una tradición única, como sólo los ingleses saben hacerlas. Si quieren conseguir entradas para el court central o la cancha 1, es decir, para los dos estadios más grandes del club, pero sin pagar 1200 libras cada ticket, hay una manera: acampar desde el día anterior al inicio del torneo, formando una fila (la queue). Si llegan temprano el día anterior al comienzo del torneo, con carpita para pasar la noche, quizás tengan suerte. Hay 500 tickets para la cancha central y la número 1 a precios irrisorios. La experiencia, dicen, es una pequeña maravilla para los amantes del tenis: hay mucha sociabilidad e intercambio con fans de todo el mundo que cuentan que fueron 18 o 20 veces a hacer la queue y ver el torneo. Está todo super organizado, por supuesto, hay seguridad, baños y venta de comida para los acampantes. Nosotras pasamos, gracias, pero quizás cuando nuestros hijos crezcan, si la artrosis no nos alcanzó y si es la única manera... quién les dice que quizás no hagamos una nota desde allí.

Coco contra el tiempo. Coco Gauff cerró sus octavos de final ante Belinda Bencic con el reloj literalmente en contra: remontó el primer set para ganar 4-6, 6-3, 6-4, sirviendo para el partido con el toque de queda de las 23 horas prácticamente encima. Selló el punto decisivo a las 22:58, dos minutos antes del límite, en lo que ella misma describió después como el final más dramático de su carrera: “nunca tuve que correr contra un reloj”, dijo, y remató con humor que se alegraba de no haber elegido el básquet. La estadounidense hasta reconoció que no sabía que la organización la hubiese dejado terminar el último juego sin importar la duración: solo le habían avisado que el juego se cortaba a las 23h, sin aclarar que un game en curso se podía completar. Ese triunfo la metió por primera vez en su carrera en cuartos de final de Wimbledon. De ahí pasó a semifinales, donde la esperaba Karolína Muchová: tuvo un match point a favor en el tiebreak decisivo del tercer set, pero Muchová lo salvó y terminó cerrando el partido 6-2, 1-6, 7-6(12-10), dejando a Gauff a un punto de su primera final de Wimbledon. De todos modos, gran torneo para Coco, que, además, nos dejó una de las fotos del torneo.
Arthur Fery (Fery-tale). Arthur Fery nació en Francia, pero a un mes de vida ya vivía en Wimbledon, a metros del All England Lawn Tennis & Crocket Club (All England Club para los amigos), y se formó en el prestigioso King’s College School del barrio. El tenis le viene de sangre: su madre, Olivia Fery, fue profesional, jugó el cuadro de dobles de Roland Garros en 1991 y llegó a representar a Hong Kong en la Fed Cup. Invitado con wild card y ubicado apenas 114° del ranking, Fery protagonizó el batacazo del torneo: eliminó a Cobolli en cuartos y se convirtió en el primer invitado en llegar a semifinales de Wimbledon desde Goran Ivanišević en 2001, y en el primer británico no cabeza de serie en lograrlo en toda la Era Abierta. Ahí lo frenó Zverev, pero la campaña le valió un salto de más de setenta puestos en el ranking (ahora se ubica en el puesto 36°, su mejor marca histórica) y la corona de nuevo número uno británico, por delante de Cameron Norrie.

Cruz Hewitt. No vamos a ser las únicas en sentir que, de pronto, el tiempo pasó muy rápido. Ayer mirábamos a Lleyton Hewitt en las canchas y hoy vemos a su hijo Cruz jugando la final de juniors. Increíble. No pudo ser para Cruz, que tiene un gran juego de fondo y mucha velocidad de piernas, pero, sin duda, será uno de los próximos animadores del tour.

Alegrías: Jasmincita (llegó hasta los cuartos de final), Matteo Berrettini (recuperado y en gran forma, perdió en octavos de final en uno de los mejores partidos del torneo con Grigor Dimitrov)
Desilusiones: Jessica Pegula (perdió en cuartos de final un partido que debería haber ganado), Solana Sierra (estuvo a tres puntos de ganarle a Coco Gauff en la segunda ronda), Elina Svitolina (se fue en primera ronda), Aryna Sabalenka (Naomi Osaka le ganó el sets corridos, sin atenuantes, la molió a palos), Daniil Medvedev (perdió en la tercera ronda con Jan-Lennard Struff después de haber estado break arriba en los tres sets).
Esquina de Fa fa fa fa fa fa fashion
La inefable, por llamarla de algún modo, Naomi Osaka sigue con su autopercibido destino de fashionista. Su ingreso a la cancha causó sensación, con un kimono muy volátil y tenue, de unos 25 metros de tela sobre un vestido que, digamos todo, nos pareció precioso. El kimono fue diseño de Hana Yagi, una diseñadora de Tokio de 26 años que trabaja reinterpretando vestidos de novia tradicionales japoneses. La pieza fue una colaboración entre Yagi, Nike y el estilista habitual de Osaka, Marty Harper, el mismo que le hizo el look “medusa” del Australian Open y el vestido dorado inspirado en la Torre Eiffel de Roland Garros, que forma parte de nuestras pesadillas.

El dueño de casa, nuestro amado Roger Federer, estuvo de visita. Para contrarrestar el mal gusto de algunas, el 8 veces campeón del torneo se presentó impecable como siempre, en un traje marrón cruzado de la casa Brioni (de paso, vayan a visitar la web de esta marca, no tan conocida para el gran público) y usando su Rolex vintage, un Datejust II con el que hizo historia: era el reloj que llevaba en 2009, cuando jugó la final ante Andy Roddick.
Además de su prístina elegancia, Roger dejó una muestra más de su amor por el tenis y del respeto que le merecen los jugadores. La jornada de octavos de final fue muy extensa, por lo que el partido entre Alexander Zverev y Jiri Lehecka comenzó muy tarde. Alrededor de las 21 hs. los invitados al Royal Box, uno de los lugares del mundo por el que mataríamos, se fueron lo más campantes, ahítos de champagne y de frutillas, dejando solo al suizo a altas horas de la noche. Estoico, Federer se quedó hasta que el toque de queda marcó la suspensión del partido que luego ganó Zverev.

No sería una sección de fashion si no mencionáramos a la princesa de Gales. Estuvo presente varias jornadas, siempre, divina. Les dejamos esta foto con una de nuestras favoritas de todos los tiempos, la gran, inmensa, inigualable, Martina Navratilova, con el aditivo de que ambas compartían color, algo que quizás no haya gustado al personal de protocolo.
Hasta acá llegamos con esta inusual entrega de nuestra newsletter. Ojalá haya servido para mitigar la espera para el gran evento de hoy.
Nos leemos pronto.
Saludos y, por sobre todas las cosas: VAMOS, ¡ARGENTINA!
Caterina y Laura

















Vamos Argentina !!!!! Ya estamos
Manija
Por acá ….. como siempre imperdible el
Post !!!
Pensé que no habría análisis de Wimbledon... susto!